Seis barrotes

Transcripción Episodio 5

Isabel: Un micrófono es un pasaporte para entrar en lugares donde normalmente no podemos entrar. Y, sobre todo, para escuchar lo que pasa en sitios sobre los que pesa un gran silencio. 

[Puerta de la cárcel]

Isabel: En enero, el equipo de DENSH cogimos micrófonos y grabadoras y nos fuimos a la cárcel de Zaballa, en Álava. Zaballa es una cárcel nueva. Se construyó en 2011 para sustituir a otra prisión que está en el mismo sitio pero tiene un nombre mucho más conocido: Nanclares de la Oca. Allí conviven, en diferentes módulos, 700 personas presas. De ellas, unas 90 son mujeres. 

Nosotras fuimos a verlas a ellas, a las presas del módulo 9, el llamado «módulo de respeto». 

[Voces]

Sheila: Hola, buenas tardes, soy Remedios, voy a entrevistar a mis compañeras de Zaballa. 

[Voces]

Isabel: La primera que cogió el micro fue ella.

Sheila: Janire, déjame entrevistarte. 

Buenas, estamos con Mari. 

Buenas, pues ahora estamos aquí con Eva a que nos cuente su experiencia. Hola, buenas tardes, Eva. 

¿Cuánto tiempo llevas aquí? 

¿Qué haces cuando estás chapada? 

¿Cuánto tiempo llevas trabajando? 

¿Qué se te hace más pesado, la mañana o la tarde? 

¿Algo que quiera añadir del centro, que quiera que sepa de puertas hacia fuera?

 

Isabel: Remedios es rubia, tiene 27 años y una condena de 7 por robos y hurtos. Lleva 2 años en esta cárcel. Y, aunque en el DNI se llame así, Remedios, todo el mundo, desde su padre a sus compañeras, la llama Sheila. Así que esta historia la va a contar sobre todo ella, Sheila. 

[Sintonía]

Sheila: Al principio yo también pensaba que la cárcel era como en las películas. Pero no es así.

Isabel:  Hoy, en De eso no se habla… 

Sheila: Hoy, en De eso no se habla, os vamos a contar lo que pasa realmente en la cárcel. Y os lo vamos a contar nosotras.

[Sintonía]

[Pasos] 

Isabel: ¿En qué piso estás?

Sheila: En la primera planta, en la celda número 11. 

Isabel: ¿Tú le llamas celda? 

Sheila: No, yo le llamo chabolo. 

Isabel: ¿Nos dejas entrar?

Sheila: Sí, sí, pasa.

Bueno, pues ahora entramos a mi chabolo, que tengo una cortina para entrar, antes de entrar. Según entramos hay unos percheros donde tengo mis chaquetas; a mano izquierda tenemos el baño, es de acero; el lavabo, que es de acero; la ducha, que es de acero, donde tengo el cubo y la fregona… Luego pasamos, tenemos una mesilla, donde lo tengo decorado con muñequitos, cajas, las fotos de mis niños. Al lado tenemos el televisor colgado. Tenemos dos sillas de plástico… Luego está la cama, la litera de arriba, que la tengo recogida porque no hay nadie, entonces tengo las fotos de mis niños colgados. Y… y eso. Y hay una ventana, con seis barrotes. Yo la tengo cerrada porque… Por eso, por no ver los barrotes. Cierro la cortina y me… O si la abro porque tengo mucho calor, tengo que poner así la cortina para no ver los barrotes, porque… Porque me hace daño verlos, no puedo. No puedo. Entonces yo siempre la tengo con la cortina echada para no ver esos barrotes.

Con decirte que yo tenía miedo a apagar la luz y a apagar la tele. Yo llevo dos años, pero yo he empezado a apagar la luz, hará cuestión de seis meses. Pero la tele yo no la apago. Tengo que dormir con la tele encendida y escuchar la voz, aunque sea, algo. Y la luz es que no, me aterrorizaba apagarla. No podía. Y me molestaba, porque no podía descansar. Pero tenía miedo. Era miedo. 

Cuando te quitas condena aquí es cuando duermes. Todo lo que duermas será condena que te quitas, porque es cuando te das cuenta, y aun así tienes pesadillas. 

[Música]

Isabel: El episodio de hoy es una crónica en cuatro actos. Acto 1, llegar aquí.

[Voces]

Joana: Uf, se me caía el mundo encima. Claro, porque no sabía lo que era, yo, pues lo que dice ella, pensaba que era como en las películas. Digo, es todo duro, todo el mundo se mete contigo… ¿Sabes?

Sonia: Yo llevo aquí tres días y… Y bueno, pues todavía pues muy ida, muy ida.

Sheila: Pero lo más duro es cuando va pasando la gente y ves que día tras día es la misma rutina, y meses tras meses es lo mismo, y las visitas, y cuando vienen tus hijos, y cuando se tienen que despedir… 

Carmen: Sí, yo tengo dos.

Bea: También, dos.

Joana: Una. El móvil, una pasada, cuando entras.

Sonia: Yo no, yo echo mucho de menos a mi gente.

Joana: El primer día  a mí y a Bea nos pasaba que parecía que estaba, vibraba (ríe).

[Risas]

Mujer: Pero que esto es maravilloso, que les animo a las chicas a que vengan más para aquí a conocer esto. Que es Zaballa d’Or y es ciudad de vacaciones.

[Aplausos, voces, megafonía]

Isabel: Para algunas este era un lugar desconocido. Para otras, un lugar por el que han pasado familiares y amigas. Para otras, un sitio en el que nunca creyeron que iban a entrar. Para casi todas era un lugar temido. Estamos en el patio, en nuestro primer día de visita, y hablamos sobre eso, sobre todo lo que se les vino a la cabeza cuando supieron que tenían que entrar en prisión por primera vez, y sobre cómo ha cambiado eso ahora que ya están aquí. Como muchas de sus compañeras, Sheila pasó un tiempo en busca y captura y al final decidió entregarse. 

Sheila: ¿Qué iba a estar, escondida? No me quitaban esa condena. Estuve un tiempo esperando a arreglarme las cosas, dejar mi casa organizada, dejar a mis hijos bien, intentar asimilarlo, que no terminas de asimilarlo para nada… 

Isabel: Y aunque eso pasó hace dos años, se acuerda de aquel día como si acabara de pasar. 

Sheila: Me levanté a la mañana. Me… vestí a mis hijos llorando, no quería que me vieran llorar, me acuerdo, porque yo quería entregarme a la mañana porque los niños estaban en la escuela y no quería despedirme a la tarde ni que me vieran salir de casa. Como siempre, los subí a la furgoneta, les di un beso a cada uno tan normal. Ellos también me besaron. Vine para aquí de camino. Cuando subía ya la cuesta que veía ya el cartel que ponía centro penitenciario, me derrumbé, pataleaba. Me acuerdo como ahora. Saltaba en el coche, no podía parar. Es que saltaba, saltaba, la cabeza me pegaba contra el techo del coche, en cuanto vi el cartel que ponía centro penitenciario. Se necesitan muchas horas para explicar esto. Muchas. 

Yo llegué con 120 kilos. Y ahora peso 73. Sí. Eso sería del malestar o de lo que fuese, de que no me entraba la comida… En un año ya perdí los 40 kilos. Y… Pero claro, cuando se abrían las celdas, bajaba directa al gimnasio porque yo veía que estaba adelgazando mucho, entonces me daba miedo, que la piel y todo eso… ¿Y qué me motivaba? Ir al gimnasio. Solo hay una bici, pero me motiva hacer bici. O me ponía aquí a hacer deporte en la misma celda cuando me cerraban. Me ponía a levantar la pierna, pa’ arriba, a bajarla… O simplemente me ponía en la silla, me sentaba, me levantaba, me sentaba, me levantaba, me sentaba y me levantaba. Son muchas horas encerrada en el mismo sitio y una prueba a hacer de todo.

Bueno, yo ya os he contado mi historia, pero ahora os voy a presentar a una chica que es de las más recientes, que acaba de llegar, que cuenta muy bien su entrada en prisión, cómo le fue su experiencia. Esta es Sonia. 

Sonia: A mí me trajeron dos trabajadoras de Cruz Roja. Entramos dentro. Me mandaron desnudarme entera, agacharme. Me retiraron, pues, los objetos de cristal, y yo les decía «A mí dejadme en paz, no me habléis, que yo vengo aquí a cumplir una condena, a cumplir mi condena. Y vosotros no me vais a mandar lo que yo tengo que hacer». 

Yo he empezado a hablar hoy algo. O sea, cuatro días, yo he empezado a hablar hoy algo. Lo demás, yo callada, yo no hablaba con nadie ni nada. Hoy he empezado a hablar algo.

Yo me estoy enterando de las cosas, de normas, de cosas, por compañeras. Pues horarios, «Mira, ahora tienes que estar ahí a tal hora, ya para cuando vengan a hacer recuento, tienes que estar vestida en la puerta, que te vean, no sé qué…». Una se ha quedado alucinada, dice «Pero ¿cómo que no te han dicho? ¿No te ha explicado nadie que tú el primer día tienes derecho a hacer una llamada?». Cosa que yo creo que eso es obligación del funcionario, ¿no? Porque si no, ¿para qué están aquí? Lo único, ¿para qué, para chillarte o… o para decirte por megafonía que vayas a por la medicación?

Isabel: Hay muchas cosas que Sonia ha tenido que aprender sola.

Sonia: Pues qué remedio te queda…

Isabel: Pero también hay cosas que las que llevan más tiempo explican a las nuevas y, de paso, también a nosotras. Una es esta: las palabras.

Sheila: A veces aquí hablamos el idioma taleguero. Quizá por eso no nos entendáis. Os vamos a explicar algunas palabras. 

Joana: Chabolo. La habitación, la celda, donde dormimos.

Sheila: La estaribén, la cárcel. 

Isabel: ¿Cómo se llama? 

Sheila: Estaribén. 

Isabel: ¿Por qué? 

Joana: En gitano.

Carmen: Las gitanas nos referimos a la cárcel así.

Sheila: Estaribén.

Joana: Destino, sí, de… Pues cuando tienes que hacer tus limpiezas, tus trabajos que te mandan.

Sheila:  Apoyo, que es cuando tienes que hacer… O acompañamiento, que se le llama, cuando tienes que acompañar, cuando viene un ingreso, una chica nueva o cuando alguna chica lo necesita. 

Bea: El economato, pues la tienda de donde puedes tomarte un café, comprar desde unos bastoncillos hasta un chorizo (risas). No sé. 

Joana: El comedor, que le llaman office. Y yo «¿Qué es eso?» la primera vez, y es el comedor. 

Sheila: El office, sí. 

Carmen: Pues, por ejemplo, a los funcionarios les tenemos que llamar don, que no entiendo por qué, don y seño, cuando a mí no me sale. Yo, tú eres tú, me lo ha dicho esta, me lo ha dicho la otra…  

Joana: Y yo que soy de prima… ¡Prima, primo! (Risas) Pues imagínate. El otro día me riñó Bea, que no sé qué le dije a un funcionario, y me dijo «No, les tienes que llamar don». ¿Te acuerdas? 

Isabel: Acto 2, pasar el tiempo.

[Voces, palmas]

Eva: (Cantando) Hay palabras que te llevan directo a la ruina, hay palabras que te cambian el estado de tu vida. Pero hay una palabra…  

Pilar: Gloria a Dios

Eva: (Cantando) … esa que te da la vida, tu palabra es como espada que cuida de ti. 

Pilar: ¡Gloria a Dios, Señor!

Eva: (Cantando) Y la última palabra es tuya. 

Pilar: ¡Arriba, Dios mío!

Eva: (Cantando) Cuando veo que me hundo tus manos me acarician, cuando veo que desmayo tu palabra me da vida, y cuando veo que me falta, tu aliento me da vida… 

Pilar: Gracias Jesús, para glorificar tu nombre.

[Palmas]

Sheila: Nuestro día a día pasa siempre en los mismos lugares. El office.

[Voces]

Sheila: La garita. 

[Voces]

Sheila: El economato.

[Voces]

Sheila: Los chabolos. El comedor.

[Voces]

Sheila: El patio.

[Voces]

Isabel: ¿Tú trabajas, Sheila?

Sheila: Yo estoy trabajando para Fagor. Con cables. Los limpio, los conformo.

Isabel: ¿Te gusta el trabajo? 

Sheila: Es entretenido, pero… Tampoco diría nunca que iba a trabajar en los cables. 

Isabel: ¿Cuántas horas trabajas al día?

Sheila: Desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde.

Isabel: Quisimos ir a conocer los talleres, esa parte de la cárcel donde trabaja Sheila, pero solo teníamos permiso para grabar dentro del módulo. Así que, en lugar de eso, Sheila nos llevó al office, al comedor, y allí nos presentó a Irune, que tiene el puesto que ella tenía antes.

[Ambiente office]

Sheila: ¿Cuánto tiempo llevas trabajando? 

Irune: Yo llevo trabajando, he estado como dos meses como suplente y ahora llevo un mes y pico trabajando como cabo de office. 

Sheila: Y los sueldos del office, ¿qué tal le parecen? 

Irune: Pues hombre, mal pagados.

Sheila: ¿Le gustaría decirlos?

Irune: Sí. 160 euros.

Sheila: ¿Al mes?

Irune: Al mes.

Sheila: ¿Reparto, desayuno, comida y cena? 

Irune: Mm. Sube el carro, baja el carro y… y todo.

Sheila: ¿Usted podría decir qué aspecto… cómo ve las patatas, por ejemplo? 

Isabel: Las patatas tienen muy mala pinta.

Sheila: Está todo muy malo. Ya está viendo. Pues así… 

Irune: Yo desde que estoy en prisión, no como la comida de aquí. No. Yo me alimento a base de leche, yogures y fruta.

[Ambiente comedor]

Irune: ¡Chicas! ¿Estáis todas? ¡Que aproveche! ¡Repetir! 

Isabel: Ahora, en la cena, el comedor está lleno, pero en el módulo hay mucha menos gente a durante el día. Muchas de las presas trabajan, como Sheila e Irune; otras estudian, como Sonia, que pronto empezará un curso de jardinería. Otras hacen talleres de manualidades, o de poesía, como Joana, Bea y Carmen;  y algunas pasean por el patio, o compran un café en el economato y se quedan en el salón. Pero son las menos, porque para estar en este módulo una tiene que comprometerse a hacer actividades. También se comprometen a lo que está pasando ahora: todas las presas tienen que pasar al menos 20 minutos en el comedor para cada comida del día, coman o no coman. Y también se comprometen a lo que va a ocurrir justo después: tras la cena, todas las presas se juntan en el salón. Todos los días hay reunión, justo antes de que cierren las celdas, y ninguna puede faltar.

Sheila: Ahora acabamos de terminar de cenar y se sientan todas en una sala aquí, en unas sillas que hay, para hacer una reunión. Aquí hay diferentes tipos de cargos, como presidencia, vipresidencia… Otra lleva conflictos… Eh… Más cargos… ¿Qué cargos hay?  

Isabel: Qué cargos tenéis vosotras? 

Sheila: Yo, vipresidencia.

Mujer: Yo conflictos. 

Mujer: Yo, cabo. 

Sheila: Chicas, empezamos, por favor. Primero os explico, hay chicas…  

Mujer: Sentaros todas, las que estáis ahí a sentarse, por favor. 

Sheila: Os explico, hay chicas grabando que son de la radio, que es para saber cómo va un poco el centro. Y ahora empezamos con la reunión. ¿Grupo 1 y 2? 

Mujer: Bien. 

Sheila: ¿Acogida? 

Mujeres: Bien.

Sheila: ¿Convivencia? 

Mujeres: Bien. Fatal. Mal. (Risas)

Sheila: ¿Y apoyos?

Sheila: ¿Algo que añadir? 

Cuando hay un conflicto, chicas, para eso está la de conflictos. Se le cuenta a ella en otro horario que no sea el de la reunión. 

[Voces]

Sheila: Chicas, ¿algo que añadir? 

Mujeres: No.

Sheila: Esperad, por favor. 

Mujer: ¿Os he dicho que os levantéis?

Mujeres: Joder. Venga.

Sheila: Ya, ahora sí. Ya está.

[Voces]

Isabel: ¿Qué pasa cuando se cierran las celdas? Quisimos dejarle una grabadora a Sheila para que se grabara durante la noche, pero no nos dieron permiso. Así que Sheila, en lugar de grabar, escribió.

Sheila: Estamos a 10 de enero y son las ocho y diez. Nos acaban de chapar. Estoy sentada en la silla, al lado de la calefacción, en la mesilla que está al lado del televisor, con una manta por encima, porque hace frío. 

Bueno, acaban de anunciar el recuento. Visibles y luz encendida. Así lo anuncian a las nueve. 

Bueno, ya ha pasado el recuento. Nos abren las celdas unos centímetros y pasa un funcionario para ver que sí estamos.

Son las diez menos veinticinco. Me he dado una ducha, me he puesto el pijama y estoy en la cama sentada. Tengo unas ganas tremendas de abrazar a mi marido y a mis hijos, pero me tengo que conformar besando sus fotos unas mil veces antes de dormir. 

Cuando me entra ansiedad, cojo la silla que tenemos en las celdas, son de plástico, la pongo debajo de la ducha. Yo me siento y le empiezo a dar al agua y me tiro media hora, o hasta la hora muchas veces. Hasta que me tranquilizo. O a veces lloro, lloro y lloro hasta desahogarme. Y luego me siento mejor. 

También hay que decir que no es como las películas. No hay ratas, ni cucarachas, ni están las celdas rotas. Hay higiene, tenemos agua caliente, tenemos calefacción, un televisor, ducha en la celda… Por desgracia hay muchas internas. Cada una hace un destino de limpieza. Unas las escaleras, otras el patio, el comedor… Las chicas del módulo de respeto, la mayoría trabajan. Las que no, estudian en la escuela, la UNED; otras hacen cursillos como panadería, pintura, jardinería… Los domingos hay cine, los miércoles hay inspiring y rugby, suele haber algún teatro, etcétera.

Y bueno, me despido, porque si sigo hago un libro y tengo que descansar. Seguimos. 

 

Isabel: Acto 3, los afectos.

Joana: Ya he hablado con mi familia hoy. Estoy más contenta… Sí, ya sí. Me he pegado una llorera cuando he escuchado a mi madre… Con mi hija, no, pero bueno. Me emociono todavía, tía. Me decía «¿Qué tal estás, mi niña?» Yo no podía hablar, encima, llorando. «No llores, cariño, que se agota el tiempo». Y mi madre, decirme esas palabras, ya… Me pone los pelos de punta todavía. Y contenta, contenta. 

Isabel: Tienes otra cara, tú, ya, hoy.

Joana: Sí, sí. Lo necesitaba mucho, mucho. Saber que mi hija estaba bien… Mañana me vienen a ver.

Isabel: En la cárcel hay tres maneras de mantener el contacto con quienes están fuera: las llamadas, como la que acaba de hacer Joana por primera vez desde que llegó; las cartas… 

Irune: Buenas seño, instancia y correo. 

Rosi: Bueno, por lo menos tengo algo bueno, una carta de mi amor.

Isabel: Y, por encima de todo, lo más preciado: los encuentros en persona. 

 

Isabel: ¿Dónde vas? 

Sheila: Al vis a vis.

Isabel: Estás muy guapa.

Sheila: Muchas gracias.

Isabel: ¿Cuánto tiempo has tardado en prepararte? 

Sheila: Pues he salido a las tres de trabajar y… desde las tres hasta las cinco sin parar. Que si me ducho, que si me arreglo, que si me maquillo, que si me aliso el pelo, que si el último toque, que si esto me queda bien, que si esto me queda mal, que si los nervios no me dejan maquillarme, porque si me echo el rímel se me va pa un lado, de los nervios que tengo, no puedo, y que si me desmaquillo otra vez, que si me vuelvo a maquillar. Son muchos nervios, entonces… 

Isabel: ¿Qué te has puesto?

Sheila: Pues me he puesto unas botas…  Lo mejor que tengo. Me he puesto una camisa, una chaqueta de vestir, una bufanda, un poco así, pa ir elegante, unos pendientes…  

Isabel: Cuéntame a dónde vamos. 

Sheila: Pues vamos dirección a los vis a vises. Son unas salas especiales, hay salas familiares y hay salas íntimas. Las familiares son con cuatro sillas y una mesa y las íntimas pues con una cama, dos mesitas y el baño y la ducha. 

Sheila: Cuando estás en un vis, una hora y media es como si estuvieses media hora, y sales del vis y el tiempo se vuelve a detener. Y así son las cosas.

En el vis, por supuesto, me lo he pasado muy bien, pero se me ha pasado muy rápido. Ha sido vis íntimo, pero que sea íntimo no es sólo para intimar, es para estar con la persona que quieres. Que cuando estoy en un vis me siento protegida, abrazarnos, hablar, desahogarme. Cuando se tiene que ir no puedo hablar porque me cojo un nudo en la garganta y no quiero que me vea triste, porque si no, mi marido también llora, y se va muy mal, y yo me quedo mucho peor. 

 

Sheila: Bueno, yo llego de un vis a vis, pero aquí en la cárcel, aunque no lo parezca, también hay historias de amor.

Isabel: Parece que no, pero yo creo que se liga, ¿no? 

Sheila: Se liga, y hay historias amorosas. 

Isabel: ¿Como por ejemplo?

Sheila: Como por ejemplo la de Irune.

Irune: Adelante. Estás invitada. Está  un poco así, un poquito… Y esta es mi casa. 

Isabel: ¡Pero cuántas cosas tienes aquí!

Irune: Bueno, pues cositas que me regala mi marido. Tengo dos cartas que, bueno, dos poesías que me escribió mi marido. Bueno, una de ellas es una canción. Luego la foto de mi marido y luego pues regalitos. 

Isabel: Enséñame las cartas, anda.

Irune: Bueno pues las cartitas… Te he dicho 137 porque son 35, y las que tengo ahí, 36 y 37.

Isabel: ¿Las cuentas? 

Irune: ¡Hombre! 

Isabel: ¿Cuánto tiempo hace que te manda estas cartas? 

Irune: Tres meses. Y eso. Y nada, luego tengo la bandera que me la… se la quité. Bueno, se la quité, se la robé.

Isabel: ¿La bandera de qué?

Irune: Del Atleti, con todas nuestras fechas. Mira, empezamos por aquí, que es el día 27 de septiembre del año pasado. Es el día que empezamos a estar juntos, el día que empezamos a salir. Luego seguimos, el día 30 de octubre, que fue cuando él volvió de su primer permiso, cuando estaba conmigo. Luego está el 17 de octubre, que fue el día que me pidió matrimonio en la cuesta, y el 27 del 9 del 2020, que es el día que me caso con mi marido. Y eso, es muy especial. 

Isabel: O sea, ¿en vuestro aniversario os vais a casar? 

Irune: Sí. Sí. 

Isabel: ¿Cómo te pidió matrimonio? 

Irune: Pues fue una cosa muy bonita, fue una cosa muy bonita. Fue en la cuesta, esa cuesta, que le llaman la cuesta del amor, con un anillo improvisado que lo tengo ahí puestito, que es este. Este.

Isabel: ¿De qué es?

Irune: De cartón (ríe).

Isabel: Y está escrita la fecha… 

Irune: 27 del 9 del 19. Y nada, pues eso. Fue muy bonito.

Isabel: ¿Se arrodiló?

Irune: Sí.

Isabel: ¿Te lo esperabas?

Irune: Mmm… Me lo había advertido. (Risas)

Isabel: ¿Cómo conociste tú a Raúl?

Irune: Pues eso, Raúl apareció un día en mi vida. Yo llevaba fijándome en Raúl mucho tiempo. Yo estaba en el módulo 10, que es el módulo conflictivo, y yo me asomaba a la ventana y yo le veía pasar. 

Isabel: ¿Y hay mucho ligoteo por las ventanas?

Irune: Buff… Si yo te contara… 

Isabel: Hombre, cuéntame.

Irune: Hay demasiado. 

Isabel: ¿Cómo se liga por la ventana? 

Irune: Pues se liga, pues nada. Aquí, pues… Pues como en la calle, me imagino, ¿no? Te hablan, saludas, coges amistad, coges confianza y… 

Isabel: ¿Pero se puede hablar de ventana a ventana?

Irune: No se puede, pero… nada está prohibido hasta que no te ven. Pues igual nos juntamos en un chabolo y nos ponemos a bailar, nos ponemos a cantar. Ellos están, nos contestan al cante, al baile… Y eso.

Isabel: ¿Cómo os veis? 

Irune: Pues nos vemos cuando bajamos a recoger el carro del desayuno. Ese beso de «buenos días». Nos vemos al mediodía, cuando vamos a recoger la comida. Ese beso de «te he echado de menos, cariño». Nos vemos a la tarde, que es la hora de la cena. Es ese beso de «buenas noches, cariño, sueña conmigo y descansa». Y… es todo. 

Isabel: ¿Cómo es Raúl?

Irune: Pues es alto, con la cabeza rapada. Tiene unos ojos que… me transmiten estabilidad, sinceridad. Eh… Todo, me transmite todo. Me ha enseñado lo que es el amor, ha enseñado que mi corazón lata a un ritmo que nunca, nunca. Yo he sufrido malos tratos 20 años. El padre de mis hijos era una persona que a mí no me dejaba salir sola a la calle, no me dejaba maquillarme. Yo me quedé embarazada con él cinco veces, de esos cuales cinco embarazos nacieron mis dos príncipes, que, gracias a Dios, fue lo mejor que me pudo dar ese hombre. Pero claro, ellos nacieron por el hecho de que eran hombres. Las otras no tuvieron la oportunidad de nacer porque él sabía que eran mujeres y pues cuando él sabía que eran niñas me mataba a palos y hacía que abortara. Sí. Sí. 

 

[Voces, ruido del carro]

Irune: ¡Raúl! Raúl. Ven un momento. Ven un momento. ¿Qué has hecho, hombre?

Hombre: Que se ha pegado con el saco del gimnasio y mírale. Menos mal que no se mueve el saco, si no… 

Irune: Ellas nos han estado grabando esta tarde.

Raúl: ¿Cantando?

Irune: También, cantando, sí, cantando. Es que nunca le he cantado.

Mujer: Ella canta muy bien, por cierto.

[Voces]

Isabel: ¡Oye, Raúl! Que me han hablado mucho de ti, ¿eh?

Raúl: Sí, ¿no?

Irune: Yo no. 

Raúl: ¿No? A ver, ¿quién?

Irune: No, no, que se han chivao.

Raúl: ¿Quién? 

Irune: Todas.

Raúl: ¿Qué todas?

[Lluvia]

[Voces, risas]

¿Qué tal te va la vida?

¿Me grabas? 

[Voces, risas]

¿Qué tenéis en la mano? 

Como una grabadora. 

¿Pero para qué? 

¿Para la radio? ¿Para la radio es? ¡Que nos saquen a todos los presos de Zaballa! ¡A todos los de Bilbao, que nos saquen, a todos los presos de Zaballa! 

¡Nos tienen amargados acá encerrados! 

¡Son muy duras las noches!

¡Son muy duras las cárceles! ¡Hay que ponerlas más blandas! 

¡Ya estamos encerrados como pájaros!

Si quieres hablar conmigo, coge cita.

 

Isabel: Acto 4, el afuera. 

Sonia: Es que la gente de fuera yo no sé qué idea tiene de… Puede tener de la cárcel, la verdad. 

Güi: Uno no sabe lo que tiene, o sea, lo que es hasta que lo vive. 

Joana: No te lo imaginas, eh, porque… 

Bea: Y luego vas por la calle y les dices que has estado en la cárcel y te miran como si eres un puto bicho raro. 

Sonia: Buah, ¿Qué habrá hecho pa’ estar en la cárcel?

Bea: Si ha estado ahí, por algo será. Hay mucha gente que no.

Sheila: La gente no te ve igual. No te mira igual. En todos los sentidos. Tú vete a buscar un trabajo y di que has estado presa, a ver si te van a coger en ese trabajo. Vete a alquilar una casa, y di que estás en prisión, que sólo vas a salir los fines de semana. Tampoco te la van a alquilar.

 

Isabel: Aquí el afuera significa muchas inquietudes, muchos miedos, muchas dudas. Y sobre todo eso planea, ante todo, una palabra.

Sheila: La salida. La salida, la salida, la salida. Siempre se piensa en ello. 

Isabel: ¿Siempre, verdad? 

Sheila: Siempre. La salida. Y cuando estás esperando, muchísimo más. Como Carmen, que está todo el día esperando.

Carmen: ¿Cómo es? Pues… inllegable, que no sé si se puede decir inllegable, muy eterna y no llega. Sé que al fin y al cabo voy a salir, porque ya la tengo y estoy esperando un maldito papel, pero no llega. Se me hace eterna. 

Sheila: ¿Quizás estás desesperada, es la palabra?

Carmen: Sí, totalmente. 

Sheila: Y cuando recibes la noticia de que te han dado un tercer grado para salir, ¿cómo recibes esa noticia?

Carmen: Eh… Mira, el día que me dio, que me llegó el papel, era el día 25, en Navidad. O sea, me vieron todas mis compañeras, me volví loca. Justo estaba hablando con mi marido y me llaman por el micrófono, «Carmen Escudero», y me dice «Felicidades, te ha llegado al tercer grado». Mira, es que no podía. No podía, yo a la funcionaria, «¿Estás en serio? ¿De verdad?» O sea, empecé a llorar, a gritar, me puse muy contenta. Y desde ahí, o sea, ese día sí lo vi, digo, ya me voy, ya me voy. Y de eso ha pasado casi un mes, tres semanas y medio. Y no sé, no llega, tía. O sea, siento que como que nunca me voy a ir. 

Sheila: Y cuando te llaman por megafonía ¿esperas que sea ese papel?

Carmen: Yo, cuando escucho mi nombre, sea para lo que sea, yo pienso que es eso. Y voy y digo «buah, no es», ¿sabes? 

Isabel: ¿Alguna vez os habíais imaginado entrar en la cárcel? 

Carmen: A ver, yo jamás hubiese pensado estar en la cárcel, jamás, o sea, jamás de los jamases, desde que tengo conciencia, yo jamás hubiese pensado. Hala, que… A ver, es… No es una cosa que te esperas, pero al fin y al cabo sabes a lo que te arriesgas. Cuando estás haciendo algo mal, fin al cabo… O sea, sea la diez, la once, la doce veces… Al fin y al cabo te pillan y lo tienes que pagar. Y más nosotras, ¿sabes? O sea… 

Isabel: Vosotras, ¿quiénes? 

Carmen: Pues las gitanas, que sabemos… Es que lo sabemos. Hay algunas que tienen suerte y otras no.

Sheila: Yo, por ejemplo, a ver, no me imaginaba para nada entrar, pero como he dicho, sí pensaba la posibilidad, porque yo he tenido una infancia muy, muy, muy difícil, muy difícil. Mi padre ha estado preso, mi madre ha estado presa, mi hermano ha estado preso. Entonces… Es muy difícil creer que vas a entrar presa, pero sí te puedes… Esa posibilidad, ¿no? Que siempre… Y si robas, si ves que te detienen una   y otra vez, sabes que esa posibilidad puede entrar, o sea, puede caber.

Isabel: ¿Tú has tenido a alguien preso? 

Carmen: Yo, por desgracia, sí he tenido a mi abuela, la que me ha cuidado, todos mis tíos, tengo cinco, los tíos, los cinco están en la cárcel. Mi hermana y yo llevamos, estábamos en un centro desde los 12 años y la posibilidad estaba. Es más, mi hermana está en busca y el lunes se va a entregar. Yo aquí… Ya te digo, casi toda mi familia, por desgracia, ha estado en la cárcel. Mi abuela hace 1 año ha salido de prisión, de esta. 

 

Joana: Pues nada, chicas, hasta mañana, nos van a encerrar hasta mañana a las 8 de la mañana. 

Carmen: Yo voy a ver la novelita y a hacer un pis.

Isabel: Ya son casi las ocho, la hora del chape. 

Bea: Pues yo voy a escribir.

Isabel: Las puertas no se volverán a abrir hasta mañana a las ocho de la mañana.

Todas: Hasta mañana chicas, si Dios quiere. Un besito.

Carmen: Que soñéis con los angelitos, no con los diablitos. 

Isabel: … Y mientras todas suben las escaleras para llegar a sus celdas, dos presas se han quedado abajo. Una de ellas es Sheila, que está saliendo del módulo porque esta noche le toca «hacer apoyo», o ir a acompañar a una presa que acaba de llegar al pabellón de ingresos.

 

Isabel: ¿Dónde vas?

Sheila: A hacer acompañamiento a ingresos. 

Isabel: ¿Qué llevas? 

Sheila: ¿Aquí? Las mantas, las sábanas, el mando, papel higiénico, la botella de agua, una manzana…  

Isabel: ¿No hay nada de eso allí o qué?

Sheila: Nada, y está súper frío, el chabolo. Son dos celdas juntas que en el medio… Nosotras le llamamos la pecera, porque hay un cristal por medio, con barrotes. Y a través de ahí tienes que cuidar a la compañera que esté.

Isabel: ¿Te gusta hacer acompañamientos? 

Sheila: Para nada. Es muy malo psicológicamente porque te encuentras más encerrada, piensas más, estás aturdida, no estás en tu celda… Apenas llevas cosas, nada más que lo necesario, y es muy agobiante. Es triste. 

Isabel: Y ahora hemos atravesado todo el… ¿esto como se llama, el patio o cómo? 

Sheila: Esto no es el patio, es… No sé, yo le llamo la cuesta inmensa.

Isabel: ¿Por qué?

Sheila: Porque cada vez que tengo que bajar a los vis a vises quiero bajar tan rápido que no veo el final. Se me hace inmenso. Se me hace super largo. Y eso. Ahora entramos por el portón.

Isabel: Por aquí ya no podemos entrar.

Sheila: ¿No? Ah, ¿vosotras os vais por allí? 

Isabel: Sí.

Sheila: Ah, pues yo entro por ahí.

Isabel: Pues adiós.

Sheila: Agur, hasta mañana.

[Besos]

Sheila: Bueno, ahora estoy haciendo apoyo. Antes de venir me he duchado en mi celda y me he puesto mi pijama. No me gusta ducharme en otra celda que no sea la mía. He entrado a las 8 y 10 y voy a estar hasta las 8 de la mañana. La compañera a la que estoy cuidando ya se ha dormido. Yo nunca había tomado nada para poder dormir, pero desde que entré en prisión tomo medicación para la depresión y para conciliar el sueño. Pero cuando tengo que hacer apoyo no la tomo para no dormirme, así que por la mañana estaré agotada. Bueno, ahora me estoy comiendo una pera mientras escribo. No tengo hambre, pero me encuentro nerviosa y por eso me como la pera. Ahora la compañera, medio dormida, me ha dicho que si por favor le puedo dar un bollo de los que tiene encima de la mesilla y se lo he dado. Se lo está comiendo. Mientras escribo, todo en silencio, solo escucho el ruido del plastiquito que está abriendo.

Isabel: Y mientras Sheila trata de dormir en una celda que no es la suya, Sonia, sola, frente a la garita, espera a que una funcionaria le dé la llave del patio. Y es que aquí, en el módulo 9, cada noche una presa se encarga de cerrar la puerta. Y hoy le toca a ella. 

 

Sonia: Doña, a ver si me da la llave del patio, que no hay nadie ya.

[Voces]

Funcionario: Ahora mismo, un segundo.

[Voces, megafonía]

Funcionario: Cuando aquí estoy esperando a los cierres, dame un segundo.

Sonia: Sí, sí, tranquilo, tranquilo, don… Don. Y no entiendo por qué hay que llamar ni don ni doña, porque a mí me llaman por número o por mi nombre. Pues si quieres que te llame doña, a mí también llámame señorita. No sé. Son cosas que no… Hay muchas cosas aquí que no se entienden, de verdad.

Mira. Ahora salimos al patio y vamos a entrar primero aquí hasta unos baños que hay aquí. Se mira que no hay nadie, como no hay nadie, pues se cierra la puerta. 

[Puerta cerrándose]

Sonia: Esta se cierra así. Pasamos aquí, a la peluquería… 

[Puerta cerrándose]

Sonia: Como… Esto hay que engrasar, también, ¿eh? A ver. El gimnasio. ¿Hay alguien? Nada. Pues fuera. Muy importante, porque si no, el que se queda encargado de la llave del patio, se te cae el pelo, porque lo dejas aquí encerrado y uh. Pues nada. Todo en orden, señor juez. 

[Megafonía]

Sonia: Cierran las puertas de las celdas. Ahora ya tenemos que estar todos dentro. 

[Sonido llave]

Sonia: Ala, ya estamos todos bien cerrados. 

[Sonido llave]

Sonia: Buenas noches (ríe). Hasta mañana.

[Sonido puerta]

[Sintonía]

Isabel: En España hay alrededor de 59.000 personas presas. De ellas, unas 4.500 son mujeres. Según los datos del Ministerio del Interior de 2018, que son los más actualizados, la mayoría de las mujeres están en la cárcel por delitos contra el patrimonio o por delitos contra la salud pública, es decir, por robos y hurtos o por drogas. Hay otros datos que no recoge el Ministerio del Interior y que hemos encontrado en otros estudios. Por ejemplo, que las mujeres presas con trabajos poco o nada cualificados son el 75% del total. En hombres, el 53%. O que casi la tercera parte de las personas que cumplen pena de prisión son a su vez hijos, nietos, hermanos o sobrinos de presos o ex-presos. Otro dato: en un estudio de la población penitenciaria femenina en Cataluña se estima que el 88.4% de las mujeres presas habían sufrido algún tipo de violencia de género. Otro estudio, en Asturias, estima que un 92.4% de las mujeres presas han sido víctima de algún tipo de maltrato, y que cada presa ha tenido una media de 6 maltratadores. Ambos estudios son de 2005. No hay datos más actuales, ni datos del resto del Estado. Y un dato más: en España, la población gitana es del 1,4%. En las cárceles españolas, 1 de cada 4 presas son gitanas. Son datos de un artículo del Equipo Barañí. De ese estudio, esta cita: «La sobrerrepresentación de las gitanas en el circuito penal-penitenciario supera con creces la que sufren otros colectivos históricamente discriminados, como la población negra en EEUU o los aborígenes en Australia».

Soy Isabel Cadenas Cañón y de eso no se habla… o sí.

En este episodio han participado muchas personas. En enero de este año, Blanca Cadenas, Laura Casielles y yo fuimos a grabar a la cárcel de Zaballa. Allí nos encontramos con muchas mujeres: Salazar, Rosa, Eva, Olga, Pilar, Güi y, entre las que más habéis escuchado, ellas: 

Carmen: Pues yo soy Carmen. Llevo un mes aquí, tengo 21 años y estoy esperando mi pulsera para irme de tercer grado con muchísimas ansias.

Bea: Soy Bea, tengo 31 años y hace 4 días que he entrado para pagar una condena de 4 meses. Me quiero ir para mi casa ya, por favor.

Joana: Yo soy Joana, tengo 33 años y acabo de entrar para 4 meses y es mi primera entrada. Y estoy fatal (ríe).

Sonia: Hola, me llamo Sonia, estoy en la cárcel de Zaballa, Vitoria. Y… sin más.

Irune: Bueno, pues me llamo Irune, me llaman la Chusa. Tengo 40 años, llevo un año y un mes en prisión y… esperando a irme en libertad.

Sheila: Bueno, yo soy Sheila, tengo 26 años… Es mentira, si no tengo 26, tía (ríe). Es que es una cosa que tenemos aquí, que pensamos que no cumplimos edad. Es que es verdad, es verdad eso. Tú le preguntas a la gente y tiene los años de cuando ha entrado. Piensan que no pasa… (Ríe). 

Isabel: Así que este episodio lo hemos grabado entre todas. El guión, la producción y el montaje los he hecho yo, Isabel Cadenas Cañón, y nuestra asistenta de montaje es Paula Morais. Vanessa Rousselot es nuestra editora de guión. Laura Casielles, nuestra editora de texto. El diseño sonoro es mío y de Chaliwa Studios. La mezcla final es de Chaliwa studios, y la locución se ha grabado en Isolé División Sonora. La comunicación la hace Laura Casielles. La ilustración de este episodio es de Carmen Cáceres y nuestra sintonía es de Alva Noto y Ryuichi Sakamoto. Gracias a Carola Solé y a todas esas personas que en medio de aquel otro confinamiento participaron en nuestra sesión de escucha virtual. Gracias a Estíbaliz de Miguel, a Chema Bastos y a Miren Ortubay por abrirnos las puertas de la cárcel. Gracias a Nigel Poor y Earlonne Woods por animarnos a entrar en la cárcel cuando pensábamos que era algo imposible. Si os interesa lo que pasa en las cárceles, tenéis que escuchar su podcast, Ear Hustle. Y gracias a Ana Ballesteros y ante todo a Manu Maroto por las miles de consultas sobre cárceles y justicia y sobre cómo contar todo esto. En nuestra web, www.deesonosehabla.com, podéis encontrar las referencias a los libros y estudios que hemos citado al final de este episodio, y también materiales extra. De eso no se habla se realiza en el barrio de Lavapiés, en Madrid, con la ayuda de PRX y del Google Podcasts Creator Program. 

Sheila: Gracias por escuchar.

Isabel: Eso, gracias por escuchar.

 

[Pasos, chirrido de puerta]

Sonia: Estas puertas hay que engrasar porque suena mucho a cárcel. Mucho. A cárcel, cárcel, cárcel. (Imita el chirrido) Pum. 

Jornaleros. Cara A: Rocío