Transcripción "El eco de los aplausos"

Isabel: Hola a todas, hola a todos. Soy Isabel Cadenas cañón y este es un episodio especial de De eso no se habla

[Aplausos]

Estos aplausos son de marzo de 2020. Quizá los recuerdes de nuestro primer episodio especial, Silencio de radio. Los grabé con mi grabadora, desde mi balcón. En Madrid estábamos en pleno confinamiento y la mayoría no podíamos salir de casa. Pero todos los días, a las 8 de la tarde, salíamos a los balcones o a las ventanas para aplaudir. Aplaudíamos a las y los profesionales de la salud: a las médicas, a los enfermeros, a las conductoras de ambulancia. Los aplausos duraron varios meses y luego se fueron apagando.

[Aplausos]

Gente: ¡Viva la sanidad pública! ¡Viva! ¡Vivan los médicos! ¡Viva!

En De eso no se habla, llevamos mucho tiempo hablando con médicas de Atención Primaria de Madrid. Y esas médicas nos contaron que, cuando los aplausos pararon, llegó el peor momento para ellas. El verano fue horrible, nos dijeron, el verano fue desolador: las plantillas estaban  muy reducidas y no se había cambiado nada de un sistema de salud que ya de por sí estaba muy debilitado. Nos contaron que no había mejorado nada desde entonces y que muchas médicas, muchos enfermeros, están abandonando la Atención Primaria poco a poco: buscando otros trabajos o renunciando a sus plazas. Y que la mayoría lo hace en silencio.

También nos contaron cómo este verano será, como todos los veranos, un momento de crisis en muchísimos centros de salud de Madrid.

Por eso, ahora que es verano, y en medio de una nueva ola de contagios, queremos cederles el espacio de este podcast a esas médicas. Este episodio es la historia de dos de ellas. Se llaman Berta y Clara. Son médicas de familia y también son amigas. A Berta le dimos una grabadora para que se grabara mientras pasaba consulta. A Clara la tuvimos que grabar en su casa, porque ya no tiene consulta: hace casi un año que ha renunciado a su plaza. Ambas trabajan, o trabajaban, en Parla, que es el municipio con mayor índice de pobreza de la Comunidad de Madrid.

Así que, en este episodio, yo me voy a callar y lo que vais a escuchar eso: el relato de cómo Clara dejó de trabajar como médica y de cómo Berta vive el día a día en una sanidad cada vez más precarizada. Sus voces se van turnando para contar la historia de lo que no vemos, pero sí sufrimos, en los centros de salud de la Comunidad de Madrid.  

Una cosa más: Berta y Clara hablan mucho de Atención Primaria y quizá este término no esté claro para todo el mundo. Las médicas de Atención Primaria son las médicas que están en los centros de salud y que conocen tu historial y tu barrio y tu familia. Son las médicas de cabecera, las médicas de familia. A ellas les gusta decir que su trabajo es atender personas y no enfermedades, y que para eso buscan “las causas de las causas”. Que cuando alguien llega a su consulta, tratan de entender no solo la enfermedad que tiene, sino por qué: cómo las condiciones de vivienda, o de trabajo, o económicas, impactan en la salud de ese paciente. Ellas dicen que son valores como de otros tiempos, porque ponen por delante lo colectivo, porque usan poca tecnología, porque se centran en lo general. Y que precisamente por eso están en peligro. 

Quizá todo esto te suene lejano. Pero en realidad, es probable que esta sea, también, la historia de lo que está pasando -o de lo que puede llegar a pasar- en el centro de salud de debajo de tu casa.

[Sintonía]

Bienvenidas y bienvenidos a De eso no se habla. Os dejo con Berta y con Clara. 

 

Clara: Soy Clara Benedicto, soy médica de Atención Primaria… Ay, ya. no me doy cuenta de que lo hago, ¿eh?. Pero… Es difícil no hablar en presente, ¿no? Que lleve casi un año sin trabajar. Soy Clara Benedicto. Era médica de Atención Primaria porque renuncié en octubre del año 2020, después de estar bastante mal prepandemia y muy mal durante la pandemia y porque no aguantaba más. Mi consulta estaba en un centro de salud en Parla, en el centro de Parla, en la zona vieja. Ahí en Parla hay cuatro centros de salud. Dos, digamos, en la zona más antigua. El de Berta es uno y el mío es el otro. 

Clara: El centro de Berta estaba todavía peor que el mío.

Megafonía: Próxima parada: Parla. Final de trayecto.

Berta: Pues… Ya tengo la grabadora en mis manos. Viniste ayer a dármela. Y la verdad es que sentí entre alivio por poder intentar contar las cosas… Mucha gratitud por darnos la oportunidad, nervios por no saber contarlo bien y… Y bueno, ahora estoy en el tren camino de Parla, que es donde trabajo, en el centro de salud. 

Megafonía: Next station: Parla. End of trip. Connected to…

Clara: Berta y yo nos conocimos cuando empezamos la residencia en el 2008, porque su padre, por error, eligió hacer la residencia en Getafe, donde yo la había elegido también. Y nos conocimos al empezar la residencia, escogimos tutoras en el mismo centro de salud y así empezó nuestra amistad.

Berta: Hola. 

[Pasos, saludos, sonido de llaves]

Berta: Mi consulta.

[Puerta abriéndose]

[Pitido de teléfono]

Mujer: ¿Sí?

Berta: Hola, buenos días, soy Berta Herranz, soy médica del Centro de Salud de Isabel II.

Mujer: Sí, dime.

Berta: Hola. ¿Cómo se encuentra?

[Pitido de teléfono]

Mujer: ¿Sí?

Mujer: ¿Hola?

Berta: Hola, buenos días, soy Berta Herranz, soy médica del Centro de Salud de Isabel II.

Hombre: ¿Hola?

Berta: Hola, buenos días, soy Berta Herranz, soy médica del Centro de Salud de Isabel II.

[Pitido de teléfono]

Contestador automático: El número marcado no permite completar la llamada. 

Berta: Vale, pues entonces la baja sería desde hoy. Y como empezaste con síntomas el día 9, pues son 10 días de aislamiento, con lo cual hasta el día 19.

[Pitido de teléfono]

Berta: Sí, es que, bueno, estamos con poco personal y es cierto que hay veces que se quedan llamadas que no podemos responder. Cuénteme que le ocurre.

[Pitido de teléfono]

Berta: Y me acabo de quitar la mascarilla, que llevo aquí llamando ni se sabe la de tiempo con la mascarilla puesta y yo sola en una habitación, que se me olvida que la tengo. 

Clara: Cuando yo decidí que me iba hice dos textitos. Uno era para para la gente del centro de salud y el otro era un hilo de Twitter. Yo, bueno, tengo una cuenta de Twitter desde hace años que uso bastante, ¿no? Con perfil así bastante público, en el que hago pues muchas cosas, pero sobre todo temas de salud y de militancia de la Atención Primaria, ¿no? Entonces como que sentía dentro de… Esa culpa y a la vez esa responsabilidad, ¿no? De yo no puedo seguir haciendo esto, pero tengo, precisamente para dar sentido a que estoy dejando de trabajar, tengo que poder seguir peleándolo en otros ámbitos, ¿no? Para no sentirlo como un fracaso total. Entonces hice un hilo de Twitter explicando que ya no podía más y que me había pedido una excedencia y que iba a dejar el puesto de trabajo y explicando por qué. Y no esperaba la reacción, ¿no? O sea, todo lo que se difundió y todo el efecto que tuvo. Y menos mal, porque si no igual no lo hubiera hecho. 

Berta: Bueno, ya hemos acabado el día, la tarde. Ha sido un poco locura. Bueno, voy hablando mientras me voy cambiando el pijama y la bata y eso. Y… Y nada, y es que es un poco desesperante, porque al final… En la tarde solo somos dos, y una persona, y una médica que se queda hasta las seis. Entonces estamos viendo solo urgencias, es que no hacemos ni Atención Primaria ni nada desde hace mucho en este centro. Pero ¿qué pasa? Que es que evidentemente la gente necesita ser visto por un médico y ser visto no de urgencias sino en una consulta de Atención Primaria. Así que al final lo que resulta es que acabas atendiendo, intentando hacer algo de Atención Primaria, de una valoración un poco más integral a una persona que no conoces en un tiempo que no tienes… Yo qué sé. O sea, no sé… No sé cómo explicar la desesperación y la impotencia y la frustración de hacer las cosas… Cuando lo intentas hacer bien pues claro, te lleva mucho tiempo, entonces se acumulan pacientes, entonces luego te llaman de arriba que tienes que ir a respiratorio, vístete, desvístete. Luego bajas, que si sale un aviso o que si no sale. Y… no sé. De verdad, o sea, yo no sé. El desastre… No sé, el desastre silenciado, porque aquí por más que dices que estamos mal la respuesta es esa: silencio. «Ánimo chicos, que lo estáis haciendo fenomenal».

Clara: El hilo de Twitter lo hice el 9 de octubre de 2020 por la noche, cuando salí de mi último día de trabajo. Fíjate, no me acordaba. Lo tenía escrito de antes y lo publiqué al salir de trabajar. Por eso está publicado a las 9 de la noche, que es cuando yo salgo de trabajar. Y el hilo dice «Bueno, pues hoy ha sido mi último día de trabajo en Atención Primaria. He pedido una excedencia porque literalmente no puedo más. Las condiciones de trabajo ya eran malas antes del COVID. Mi reducción de jornada estaba sin cubrir, por tanto pasaba la consulta entera en tres días con repartos a mis compañeras. Teníamos tres reducciones más y una jubilación sin cubrir en un turno de 9 médicos de tarde». 

Berta: Ya estoy otra vez en el tren de vuelta a Madrid. Y bueno, es muy significativo de la situación que estamos viviendo el hecho de que de 17 médicas que estamos actualmente, o que deberíamos estar, va a haber próximamente movilidades y traslados y sólo ha habido dos personas que se van a quedar. Dos de esas 17 que se quedan en el centro, que son dos personas que, como son suplentes, no pueden pedir movilidad. De enfermería, otras tantas, casi toda la plantilla se quiere ir. Pero en lugar de preguntarse por qué nos queremos ir, ¿no? Bueno, pues ya está, se asume, alguien vendrá y ya está. No hace falta preguntarse, ni intentar solucionar, ni intentar reforzar… No, alguien vendrá. 

Clara: «La primera semana de marzo veía una media de 40 o 50 pacientes y tenía unas dos semanas de demora de cita y un estrés y una frustración considerables. Propusimos muchas cosas para mejorar y la mayoría se nos negaron. Recuerdo el 11 de marzo como una tarde particularmente espantosa. Retraso, sala de espera a rebosar, rumores de transmisión del COVID, ninguna información oficial y bastante gente con cuadros respiratorios, mucho agobio y mucha incertidumbre. Durante los meses del estado de alarma lo pasamos mal, pero hicimos todos los esfuerzos que teníamos que hacer. Nos organizábamos como mejor podíamos, aprendíamos cosas nuevas a marchas forzadas, nos cuidábamos en equipo. Algunos fueron a IFEMA. Hubo mucha gente que estuvo muy enferma. Algunas fallecieron en casa o en el hospital, no siempre de COVID y no siempre bien atendidos por un sistema que estaba saturado y centrado en una sola cosa. Tengo grabados caras y nombres». 

[Puerta abriéndose y cerrándose]

Berta: Bueno, pues ya estoy en mi consulta. Hoy es lunes y veremos qué tal todo, porque había bastante gente fuera, haciendo fila fuera del centro de salud. También dentro ya. 

[Pitido de teléfono]

Berta: Pues nada, maravilloso. Por si fuera poco, los teléfonos del centro de salud han dejado de funcionar. Así que bueno, pues ya vemos a ver qué hacemos hoy. 

[Pitido de teléfono]

Berta: Pues estoy un poco ya hartita. Hemos pasado de que no funcione el teléfono a que no funcione la impresora, a que no funcione el programa de ordenador… Así que…. Pues nada. Como no tenemos nada que hacer, pues a esperar a que funcionen las cositas. Es que de verdad, esto es desesperante. Estoy en una consulta que funciona el teléfono, pero no funciona el ordenador y en mi consulta anterior no funcionaba el teléfono, pero sí funcionaba el ordenador. O sea que… De verdad, es desesperante. 

Clara: «Cuando el estado de alarma acabó, todo se fue lentamente torciendo. Toda la gente que había estado esperando con citas, pruebas, cirugías canceladas, volvía a llamar a nuestra puerta, que es la más accesible. Los miedos, los duelos, los dolores pospuestos… Cada vez más llamadas, más burocracia, más nuevos protocolos, más personas enfadadas y confundidas porque se sentían abandonadas, con razón. Durante el verano estábamos entre el 35 y el 50 por ciento de la plantilla. Llegar antes, salir tarde con el corazón latiendo en el cuello».

Berta: Me acaba de contar una compi que hoy ella estaba de urgencias y… Una paciente suya que yo la había valorado por teléfono porque llevaba molestando la tripa desde hace un tiempo le pedí una analítica y… Y bueno, los resultados eran completamente normales. Pero bueno, mi compi la citó, la ha citado hoy para verla en la consulta porque estaba un poquito mejor, parecía, pero no se le acababa de pasar. Y resulta que… Pues que tiene un tumor en el ovario. Se lo han visto y a la exploración ya saltaba a la vista que… Bueno, de hecho parecía que estaba embarazada, era lo primero que pensaron y luego al hacerle una ecografía en el centro de salud pues lo que han visto es que tiene un tumor en un ovario. Esta chica tiene 37 años y está sola en Madrid, además, no tiene su familia aquí. Y en momentos así pues piensas que bueno, que querrías verlo todo en consulta y llamarlo todo para explorar en consulta y no dejarte nada y no dejarte a nadie. Y estos son los casos que… Que se nos pasan, desde luego, y que… Y que los vemos. Que vemos que se nos han pasado, ¿no? Pero ¿cuánta gente habrá que se nos haya pasado, pero que ni lo sepamos? En fin, muy mal. Y la culpa, la culpa que no nos falte. La culpa de no haberlo visto, la culpa de haberlo visto mal, la culpa de seguir participando de este paripé que es un sistema colapsado y que seguimos manteniendo malamente. La culpa de quedarte, la culpa si te vas… La culpa… ¡La culpa!

Berta:  He de decir que no es plato de buen gusto: primero, reconocer los errores o reconocer las cosas que se han hecho mal o que se habrían podido hacer mejor; y segundo, grabarlo; y tercero, pasarlo al ordenador; y cuarto, pasarlo al drive de De eso no se habla y pensar que lo vais a escuchar o que alguien lo va a escuchar. Es un poco durete. 

Clara: «Al principio llegaba una hora o una hora y media antes y así se podía terminar la lista de pacientes, dedicar un poco de tiempo y de cariño a cada llamada o visita. Después, cada vez más citas forzadas, más motivos de consulta por llamada: “Aprovecho para contarte, porque no me cogéis el teléfono”. Un día dejé a dos personas sin llamar porque cerraba el centro. “Mañana les llamo”, pensé. Pero al día siguiente fueron cinco. Y así a diario, con la incertidumbre de no saber, de que efectivamente las líneas y las administrativas estaban saturadas, de que había un cuello de botella para conseguir citas y la certeza de que quien más lo necesita tiene más difícil acceder. Pero al mismo tiempo, la incapacidad de sobreponernos a la demanda de hacer cualquier cosa que no fuera resolver lo que entra. El desgaste ha sido progresivo, pero recuerdo el momento en el que me di cuenta de que algo se había roto. Una tarde tórrida a principios de agosto, varias horas con el EPI puesto, una paciente se negó a hacerse una PCR, apartando la torunda de su nariz y tirándola al suelo sin querer. Le grité, le eché una buena bronca y le dije que no tenía tiempo para estar con tonterías. No estoy orgullosa y le pedí perdón después, pero ese ver al paciente como el otro para mí es cruzar la línea».

[Pasos en la nieve]

Berta: Hoy es 11 de enero y tras la tormenta de nieve por fin han abierto ya el Cercanías para venir a Parla, así que estoy yendo hacia allá. 

Berta: La verdad es que es bastante excepcional ir por la calle sin coches. Y bueno, intentando no caerse por el camino. 

Berta: Bueno, pues estamos volviendo mi compi Cris y yo de patinar sobre hielo.

Cristina: De un domicilio.

Berta: Y bueno, Cristina ya… Tú has hecho unos cuantos hoy, ¿no?

Cristina: Pues he hecho tres domicilios y este aviso y mis compañeros otros dos avisos más. 

Berta: Pero ¿por qué…? ¿Por qué es difícil o diferente de otros días? ¿Qué nos está pasando?

Cristina: Espérate, espérate.

Berta: Espérate, que me caigo. 

Cristina: Pues porque en hacer tres domicilios hemos tardado dos horas, porque es imposible andar por estas calles. 

Berta: Estaba todo colapsado con la nieve, el hielo… Y nada, en el centro de salud hemos sido dos médicos con una compañera que se ha quedado también durante medio día. Dos de 18. Y mañana yo creo que vamos a ser los mismos. Con lo cual, si la situación en el centro ya era de colapso…

Cristina: Ahora más.

Berta: Ahora más.

Clara: «Durante meses he tenido pesadillas con el trabajo. He pensado en la consulta con angustia en los días libres. He tenido ansiedad anticipatoria en el tren de camino. En seguida se me acaban la calma y la energía para sostener el sufrimiento de otras personas. A veces abro la agenda y veo 45 nombres (que a lo largo de la tarde siempre son muchos más) y me cuesta ver personas. Todos los días queda gente sin llamar porque no llegamos. Hablo de cómo me siento con libertad, porque tengo la certeza de que no se trata de un problema de afrontamiento individual o de aprender técnicas de relajación. Muchas de mis compañeras se sienten así. Algunas han llorado; otras, descargado su rabia; otras se medican para aguantar».

Berta: Hace dos días nos enteramos de que se va a producir la movilidad que habíamos pedido, habíamos pedido cambios de centro. Y hace un par de días nos enteramos que el lunes que viene pues ya cambiamos de centro, así que voy a dejar de ir a Isabel II en Parla y voy a empezar en Vallecas. Así que, uf, estoy… Son días de muchos nervios, de… Por un lado, el alivio de creer que voy a un sitio donde se puede trabajar mejor, no bien, pero mejor. Yo lo siento porque estoy abandonando en realidad el barco, pero es que llega un punto que no puedo más. Lo siento por la gente de Parla, lo siento por la gente adscrita a nuestro centro de salud, porque yo no sé si van a ir médicos. Nos vamos 6, de los 18 que somos nos vamos 6. Pero en realidad en activo al final no sé si quedarán 8 o 9. Y bueno, espero que vayan más médicos para Parla, porque si no… Yo no sé, no sé la gente qué es lo que va a poder hacer, la verdad. 

Clara: «No nos quemamos; es el sistema el que nos ha ido consumiendo. Son decisiones conscientes y calculadas de desmantelamiento de la Atención Primaria que se llevan tomando años pero que ahora, con esta carga sobre nuestras espaldas, se han vuelto insoslayables. Esa esperanza que tenía en abril se ha esfumado. Sólo nos quedan desplante tras desplante, mentiras, faltas de respeto institucionales, desilusiones con gerencias y sindicatos. No podemos cuidar de nuestros pacientes ni podemos cuidarnos». 

Berta: Pues ya está, se acabó. Hoy ha sido el último día en la consulta en el centro de salud de Isabel II, en Parla, y…  La verdad es que no puedo evitar sentir muchísima pena. Mucha pena, mucha pena por dejar, por abandonar el barco, por no poder más, por… Por dejar a los pacientes, por dejar a mis compañeras que sé que no están ahora las que se quedan en ninguna buena situación. Pero bueno, a la vez siento alivio y pienso que después de casi un año tengo mucha ilusión de empezar a hacer un trabajo medio normal en una consulta como es debido o… O mejor, al menos. Y nada, es mi último trayecto en el tren de Parla a Atocha. Y lo comparto aquí. 

Clara: «Lo siento por mis compañeras del centro de salud, que son un equipazo, y sobre todo por mi cupo de pacientes a los que, por cierto, hace meses que no puedo atender como merecen. Pero creo que el superheroísmo de aguantar a cualquier precio ni les ayuda a ellos ni me ayuda a mí. También lo siento por Parla, que como todas las poblaciones desfavorecidas, necesita más los recursos y los recibe menos. La comunidad más desigual y que menos presupuesto dedica a la Atención Primaria les ha abandonado una vez más. Todas las opciones son respetables: la gente que aguanta currando en estas condiciones, la gente que querría dejarlo y no se lo puede permitir, la gente que lo ha dejado o lo dejará en silencio. Somos muchísimas y cada una lo lucha en silencio y a su manera. Incluso en estas condiciones, poder dar un paso atrás un tiempo es un privilegio. No hay excedencia, sino la nada para profesionales con contratos precarios. No hay plan B  para muchas compañeras que tienen familia a su cargo, no hay flexibilización posible. Tampoco hay alternativas para muchos de mis pacientes que viven situaciones similares o peores de estrés y explotación y con mucho menos sueldo o prestigio social que el de la medicina de familia. Pero las raíces del maltrato son las mismas. Doy gracias a quienes me habéis aguantado o ayudado a decidir y a quienes me habéis apoyado y dado cariños en la distancia. Me voy un tiempo, pero no en silencio. De hecho, con un hilo demasiado largo, porque nuestra responsabilidad es señalar las causas de las causas, también aquí». 

[Sintonía]

Clara: No lo había leído desde entonces. Pienso que con lo mal que lo estaba pasando, tenía la cabeza muy extrañamente organizada para poder articular todo esto. Creo que ahora me costaría más.

 

Isabel: La historia de Berta y Clara no habla solo de un problema laboral. Ni tampoco de un problema de Parla. La inversión en Atención Primaria lleva años disminuyendo: nuestra sanidad pública cada vez está más privatizada, y cada vez menos gente puede acceder a la sanidad, a pesar de que, en teoría, en nuestro país, todo el mundo tiene derecho a una sanidad universal. 

En España la sanidad está descentralizada, lo que quiere decir que son las Comunidades Autónomas las que deciden cuánto y cómo invierten en Sanidad. Madrid es la Comunidad Autónoma que menos gasto dedica a atención sanitaria por PIB y también es la que menor proporción destina a Atención Primaria. 

Desde la crisis de 2008, la Atención Primaria ha crecido la mitad que la Atención Hospitalaria. Y la vez, los contratos son cada vez más precarios: en 2017, por ejemplo, solo el 6.9% de los contratos de los y las médicas de familia fueron indefinidos

Comparar la Atención Primaria con la Atención Hospitalaria no es un capricho: muchos estudios demuestran que la Atención Primaria es el recurso del sistema sanitario que más disminuye la mortalidad de la población. Una Atención Primaria fuerte evita en gran medida que tengamos que ir al hospital después. También es mucho más barata que la Atención Hospitalaria. ¿Por qué entonces esa falta de inversión? 

Y una cosa más: en los últimos 10 años, se calcula que 19000 médicos de familia han terminado la  especialidad, pero muy pocos se han incorporado a la Atención Primaria. A día de hoy, solo el 13% de los médicos de Atención Primaria tienen menos de 40 años. Hay pocos datos de dónde está el resto de médicos, pero sí algunos indicios: en esos 10 años, ha habido más de 30.000 solicitudes del certificado que hace falta para ejercer en el extranjero. 

Todos estos datos vienen de un artículo que publicaron Clara y otra médica de familia, Bea Aragón, en la revista de la Sociedad Madrileña de Medicina de Familia y Comunitaria. Clara y Bea, y también Berta, son parte de las Resisters, un grupo de médicas de familia que se empezaron a juntar para darse apoyo mutuo durante la pandemia y que siguen haciéndolo. El artículo de Clara y Bea, por cierto, se titula “De eso no se habla”.

… O sí. 

Si este episodio te ha dejado con ganas de saber más, o de hacer más, en nuestra web, en la sección de materiales extra, hemos puesto los links a muchas asociaciones y colectivos en los que puedes informarte más y con los que puedes colaborar. 

La producción, el guion y el montaje de este episodio los he hecho yo, Isabel Cadenas Cañón. Vanessa Rousselot ha hecho la edición de guion y Paula Morais ha hecho la asistencia de producción y la comunicación. Marcos Salso ha hecho la mezcla final y nuestro estudio de sonido es Isolé División Sonora. La música de nuestra sintonía es de Alva Noto y Ryuichi Sakamoto. La ilustración es de Carmen Cáceres. 

Gracias a las Resisters, que han confiado tanto en nosotras para este episodio, y en especial a Berta, a Clara y a Carmen Fando. Gracias a todas las personas que nos habéis ayudado a hacer de este episodio un episodio mejor: Laura Casielles, que por fin se ha cogido vacaciones, María San Miguel, Ernesto García López, Óscar Martín García, Chiara Giacco, Cris Ortego, Carmen Cáceres, Teresa Flores, Alberto Muñoz, Concha Calatayud, Manu Maroto, Javier Padilla, Haizea Miguela, Patricia López, Nerea Pérez y los Cadenas: Paz, Blanca, Godo y Mari Luz. Y gracias a Lourdes Lancho y a Valentina Rojo, del programa A vivir que son dos días, por haber querido que sonemos en su programa. El link de la emisión en la radio está en la descripción del episodio. 

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Este episodio especial de De eso no se habla se ha producido, como casi siempre, en el orgulloso barrio de Lavapiés, en Madrid.

Gracias por escuchar. 

Jornaleros. Cara A: Rocío